UNO, DOS, TRES (1961)

INTRO. Tercera colaboración de Wilder con I.A.L. Diamond, el que ya sería su co-guionista para siempre y hasta el final, tras las aclamadas faldas y los laureados apartamentos. Y, en efecto, estamos ya en la etapa puramente cómica del genial realizador, esa por la que tan injustamente se le recuerda en exclusiva en algunos, aunque sin duda demasiados por pocos sean, lugares. En cualquier caso, estamos para la ocasión ante la comedia más pura y netamente alocada que jamás filmara el aclamado cineasta. Comedia que, además, a muchos amantes del medio nos supone un aguantar el nivel, con solidez y acierto plenos, desde sus dos tan aclamadas predecesoras, y aún a pesar de haber quedado en la historia (al generalizar) en ese grupúsculo siempre indefinido del "muy bueno pero no de lo más  mejor"... Menuda falacia. Cristalino ello y sin debate a mediar. Encaremos, siempre con su permiso, de la siguiente forma el tema y para hacerlo lo más evidente posible:  si una de las cinco mejores comedias firmadas por Billy Wilder, y ésta lo és, no merece el mejor y más distinguido de los tratos, ¿qué cojones lo merece?. O, por lo menos, a poco se respete el género. La acidez, el cinismo, la ridiculización, la hilaridad, la denuncia y mucho -mucho- más servidos al ritmo ipso-facto que reza en título como compás de baile. No es quizá y más allá de toda duda la mejor y más inolvidable de las comedias en la historia del medio, maxime porque entonces sería la inalcanzable "Ser o no ser" de su maestro (e ídolo -y todo un qué viniendo de éste hombre que, por así decirlo, no fue nunca un dechado de humildad precisamente-), pero, sin duda, pocas veces se acercará un realizador a ello tanto como lo logró aquí Wilder.

"SINOPSIS PRESTADA". Época de la Guerra Fría. C.R. MacNamara, representante de una multinacional de refrescos en Berlín Occidental, hace tiempo que proyecta introducir su marca en la URSS. Sin embargo, en contra de sus deseos, lo que su jefe le encarga es cuidar de su hija Scarlett, que está a punto de llegar a Berlín. Se trata de una díscola y alocada joven de dieciocho años, que ya ha estado prometida cuatro veces. Pero lo peor es que, eludiendo la vigilancia de MacNamara, la chica se enamora de Otto Piffl, un joven comunista que vive en la Alemania Oriental

A FAVOR. Por encima de cualquier otra consideración lo fácil que lo hace Wilder... Lograr una comedia tan magnífica a éste bobortónico e incompasivo ritmo que se debe por completo a una narrativa continuista clásica (sin depender de gags concretos, caer en vodevilescos "abre-puertas" sin más o apoyarse en factores cualesquiera aislados a un "todo") es algo a la altura de casi nadie, superado ya el primer siglo de cine. Cagney, por supuesto y quién se lo iba a decir a uno de los más icónicos "duros" de siempre en aquellos ya entonces lejanos 30's, hace una sinfonía de su protagonista -revisen la "pd" a pie de entrada si gustan y para mayor contraste- para lograr uno de los más grandes papeles cómicos se recuerden. Tal cual. La retahíla de secundarios, todos geniales (aunque con mención especial a un jovenzuelo Horst Buchholz, en justicia), desfilando en carrusel continuo con sus cuitas y circunstancias lo bastante bien esbozadas para llegar al efecto que procede, es también algo propio del que "tiene el toque", como siempre le espetaba Sinatra a alguien cuando le gustaba lo que quiera dios que éste hiciera. "One, two, three" tiene además la doble virtud de ser una comedia abierta e indisimuladamente hilarante, lo mismo que de disponer unas situaciones más ácidas o irónicas (que Wilder es el rey del cinismo, desde la historia toda de éste arte y en definitiva) que terminan por desembocar en ese registro distinto del género que Groucho señalaba como "comedias para reír con las cejas", entremezclando de forma casi imperceptible sendas opciones de forma natural y durante todo el proceso. Siguiendo desde ahí, y para rematar apartado, la guinda pastelera me estriba a mi, particularmente, en ese llevar al extremo las convicciones y militancias políticas de sus personajes... Quizá para alguien ridiculizó en extremo el capitalismo o vanalizó demasiado al comunismo (que conviene entender el contexto histórico del film además, faltaría)... Pero sospecho que el Maestro se fue al otro barrio descojonándose de todos por igual. Él, como Lubitsch, Groucho o Keaton, sabía muy bien que la comedia humana es lo que le ocurre al individuo concreto y como unidad elemental del absurdo fungible que resulta, siempre y en definitiva, la puta vida ésta. Obra maestra, claro,  disculpándome por la obviedad y qué duda cabe.

EN CONTRA. Más allá de algún más que lógico y puntualísimo anacronismo/licencia, tanto desde el original como desde el doblaje local, este apartado podría haberse quedado en blanco tan ricamente.


CONCLUSIÓN. Es una de las mejores y más redondas comedias de siempre en la opinión personal. No veo a qué añadir mucho más ya que, en base a ello, hasta lo de "imprescindible" me suena a perogrullada de las más gordas... Por tener, hasta tiene una relativamente ingente serie de guiños y subterfugios (subrayando lo que vemos o de forma absolutamente gratuita) que la elevan más allá de lo evidenciado en cuadro. Finalmente, y hablando de evidencias, pretender señalar de forma inefable y unilateral (en base a simples percepciones propias) a "la mejor comedia de Wilder" es un escupir hacia arriba sin más... Es un debate tan abierto ése que media docena pueden gritar hasta el fin de los tiempos sin reparar jamás en que, en efecto, todos tienen razón en mayor o menor grado. Sin embargo, mira, a una cosa si me atrevo: de congeniar, ésta és con la que más nos vamos a reír... Por lo que si atendemos a género y artista firmante es ahora cuando, ya y de una vez por todas, no queda absolutamente nada más que comentar.

GUZZTÓMETRO: 10 / 10

PD. Un breve pero interesante compendio de datos sobre éste film desde la web (básica, que no meramente recomendable, para cualquier "cinero" de bien) de Filmin:  https://www.filmin.es/blog/15-claves-que-quizas-no-conozcas-sobre-uno-dos-tres


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